El turquesa entre los árboles.
Los veranos en Las Grutas fueron muchos así que siempre tengo algo para contar. Esta es la vez que mamá cometió, aunque suene contradictorio; la maldad más dulce.
El camping no era tan grande, pero como era de la mutual de la policia te encontrabas con la misma gente casi todos los años. Una familia que acampaba junto a nosotros había ido de vacaciones con el perro y un canario.
Mamá no podía soportar ver ese pajarito turquesa enjaulado. No entendía como podían hacer semejante cosa. Tenía una jaula diminuta y la habían colgado entre los árboles.
Una mañana antes de irnos cuando mamá se despedía de la vecina de carpa, la señora le dijo que encontró la jaula abierta y que el pajarito no estaba.
-Uhhhh cuanto lo lamento! quien pudo hacer semejante maldad!?-
-Algún chico- dijo la señora - -me pareció que anoche los chicos de allá volvieron de bailar un poco borrachos-
Subimos al auto y en el camino mamá confesó que ella había abierto la jaula la noche anterior. Y que pensó que si el pájaro volaba era porque necesitaba ser libre o bien si a la mañana todavía estaba en la jaula era porque estaba muy domesticado.
Ella dice que se levanto escucho el canto del pajarito y que lo vio arriba del árbol. -¡No saben lo hermoso que se veía ese turquesa entre el verde de las hojas! -nos dijo.
Después de un rato volvió a hablar y agregó:
-No crean que no me sentí mal, la señora estaba triste por su pajarito, pero mejor me siento sabiendo que ahora está volando y cantando entre los árboles.-
Yo también me sentí mal cuando ella se fue, pero me siento mejor sabiendo que ella abrió muchas más jaulas de las que confesó.
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