Sin antídoto


No sé cuándo se cure esto.
Mientras tanto los síntomas y espasmos de dolor están latentes.
El pico máximo  fue hace un par de semanas cuando girando el puñal que ya habías clavado hace unos meses dijiste:-No es que me molestes, es que es más que obvio que no estamos hechas la una para la otra-
Y yo, sin mostrar un rastro de dolor te dije - no entiendo por qué pensas eso, nadie está hecho para nadie - y solté un largo suspiro. 
En el último intento de acomodar a la fuerza las piezas del rompecabezas que habíamos armado la primera noche y que la segunda se desarmó. 
-esa es buena- contéstate.
Y fue como si me dieras una ficha para jugar la última oportunidad. 
Y arremetí con todo, fresca , liviana , como si nunca ninguno de tus golpes me hubieran herido. 
Pero vos sabes bien que cada golpe fue recibido. 
-¿me odias ?- me preguntas y yo te digo que no, porque no puedo odiar a nadie y menos a vos que con una mirada podes tirar todos los libros que acabo de acomodar en la biblioteca.

Mientras tanto consumo varias  medicinas, que se ven como vos, hablan como vos, pero no son vos. Una droga genérica podríamos decir. 
No hacen efecto, no me van a curar estas heridas, porque estas las calaste vos. Como cuando muerde una serpiente y se necesita del mismo veneno para preparar el antídoto.
No voy a morir por esto tampoco, ya lo sé, pero voy a morir con esto y eso es lo que no quiero.
-Quédate tranquila - repetiste más de una vez entre sorbo y sorbo de café y yo me muerdo los labios, los muerdo para trabar las palabras y los besos, pero igual se escapan y se quieren colgar de tu cuello.  Entonces  te digo bajito que las cosas que me atraviesan todavía no sé cómo calmarlas.

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