Un mediodía de invierno

Mi papá era sordo por completo de un oído. Uso audífonos un tiempo pero después se le rompió y no había quien lo arregle, así que no lo uso más. 
Por eso muchos lo conocían como “El sordo Rivero”.
Una vez me dijo que cuando uno perdía un sentido, desarrollaba más uno de los cuatro restastes.
Un día de frío y de lluvia supe cuál era el que más había desarrollado él.
Nosostros que vivíamos en el sur, había cosas que sólo comíamos cuando viajábamos a Misiones, una de esas cosas era la mandioca. Hoy en día en cualquier verdulería se puede encontrar mandioca pero hace 15 años atrás si alguno de los Rivero sureños  veía en una verdulería mandioca tenía que avisar para comprar todo lo que fuera posible.
Una mañana mamá fue a hacer las compras y vio en la verdulería el tubérculo codiciado y compró.
Llego a casa contenta con las buenas nuevas y dijo que iba a hacer un estofado, pero que no le dijéramos nada a papá porque así era sorpresa.
Papá llego al mediodía y me acuerdo de ir a chequear si era él y limpiar con la mano las ventanas empañadas. Cuando entró a casa y sintió el aroma que salía de la cocina se le iluminó la mirada y dijo en voz alta - mmmm ese olor me recuerda a cuando mi abuela me hacía el estofado con mandioca- 
Todos nos miramos y empezamos a reír. El olfato de mi padre era infalible, él había desarrollado más ese. 
Siempre que como mandioca me acuerdo de ese almuerzo y de su cara transportado por ese olor. 
Nos arruinó la sorpresa, pero él nos sorprendió a todos. 
Espero que donde estés, comas ricos estofados de mandioca, la mejor mortadela, bifecitos con cebolla y estes escuchando a Litto y Caetano a todo volumen. 

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